
La pintura de paisaje como símbolo nacionalista
Para el arte mexicano, la pintura de paisaje fue clave como difusora de símbolos nacionalistas evocando a la naturaleza del país.
En diversos los momentos de la historia de México se buscó desarrollar marcadores que orientaran qué es lo que definía la identidad nacional. Ejemplos de ello son los símbolos sacros como la Virgen de Guadalupe, así como símbolos profanos como la bandera y el escudo nacional.
México es un mosaico cultural, donde se presentan diversos elementos regionales, étnicos, religiosos, gastronómicos, musicales, ideológicos y artísticos. Cuyas distintas manifestaciones y combinaciones sirvieron como base para la construcción de la identidad mexicana.
Proyecto de integración nacionalista
La diversidad étnica de México hizo difícil la realización de un proyecto de integración nacionalista. Por lo que fue necesario mucho tiempo y recurrir a diversos mecanismos que llevaran a que los integrantes de los diversos grupos sociales se identificaran como parte de una misma nación.
Uno de los recursos más importantes utilizados para lograr dicho proyecto nacionalista fue el arte.
Utilidad y religión en el arte
Desde la época mesoamericana ya existían distintas formas de arte, sin embargo, este no tenía como finalidad determinar rasgos identitarios del grupo que lo producía, era arte de tipo utilitario.
A la llegada de los españoles el arte que se difundió tenía un carácter religioso, cuyo objetivo era difundir los valores de la religión católica y propiciar la aceptación de esta religión.
Nueva España, era el virreinato más importante para España, por lo cual, el arte que se generaba tenía un peso importante. Con ello se convertiría en el principal receptor de artistas europeos, que trasmitieron nuevas técnicas y temas artísticos.
Segregación social
Para el siglo XVIII, el Estado novohispano impulsa las crónicas visuales. En ellas se buscó plasmar la idea del mestizaje como el eje de los imaginarios sociales, desplazando la temática religiosa.
Algunas obras destacan la organización social, marcando la división de clases, destacando la segregación de los más pobres.
Un ejemplo es la obra La Plaza Mayor de Cristóbal de Villalpando. En esta pintura se aprecia la imagen del Mercado del Parián con los distintos sectores de la población, mostrándose una clara división de clases
Nacionalismo criollo
Para el siglo XIX, específicamente con la Independencia y el nacimiento propiamente de México, se intentó desarrollar una identidad visual con elementos nuevos. Por lo tanto, los imaginarios se transformaron impulsando un nacionalismo criollo, ilustrado e independentista.
Después de estos sucesos, se transformó el territorio, la organización política, el sistema económico y los grupos sociales. Siendo estos cambios reflejados en el arte.
La nueva clase política y las élites fomentaron la creación de nuevas imágenes de carácter político, heroico e histórico que fueran útiles en la consolidación de su poder hegemónico.
Retomando las raíces
Posterior al movimiento de la Independencia, se retoma lo indígena y prehispánico, como parte de esa nueva historia, de manera idealizada. Destacan de este periodo obras como: El Descubrimiento del Pulque de José Obregón, El Senado de Tlaxcala de Rodrigo Gutiérrez o El Tormento de Cuauhtémoc de Leandro Izaguirre.
El paisaje mexicano como parte del movimiento liberal
Con el triunfo del gobierno liberal y el gobierno de Porfirio Díaz se promovió que los artistas representaran la historia patria, sus costumbres y paisaje mexicano.
Un incentivo para impulsar el género del paisaje fue la participación de México en la Exposición Universal de Filadelfia, efectuada en mayo de 1876. En esta exposición el gobierno de México buscó mostrar un rostro de México diferente al que se pensaba en el extranjero, el de un México bárbaro, en gran medida generada por fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo. De esta manera, se mostraría, la historia, las costumbres, el paisaje, el progreso capitalista reflejado a través del símbolo del progreso, por ejemplo, el ferrocarril.
En dicha exposición sería José María Velasco quien finalmente obtendría reconocimiento, incrementando la importancia del paisajismo como género representativo.
Pintura de paisaje, imaginario mexicano
Así, en siglo XIX, el formato de pintura de paisaje habría de cobrar un peso en la conformación de nuevos imaginarios relacionados con la identidad mexicana. Tres fueron los artistas que desarrollaron la pintura de paisaje en distintas etapas de la historia: José María Velasco, Joaquín Clausell y el Dr. Atl.
Velasco y la naturaleza mexicana
En 1885, con la llegada del pintor Eugenio Landesio a la Academia de San Carlos, quien ocuparía la dirección de dicha área, la pintura de paisaje adquiriría a partir de entonces no solo la posición de un género de importancia pictórica, sino una forma de representar la identidad mexicana.
Más tarde, con su partida, en 1887, sería José María Velasco quien encabezó la pintura de paisaje en la Academia. Velasco le impregnará al paisaje mexicano una personalidad que resalta diversos elementos de la naturaleza como los grandes valles, volcanes, nubes y vistas desde la Villa de Guadalupe.
A partir de su obra Valle de México desde el cerro de Santa Isabel, siempre estarán presentes los volcanes, siendo uno de los elementos de la naturaleza de mayor presencia en temas alusivos a la identidad mexicana.
En algunas de sus obras encontramos también elementos que aluden a símbolos de la mexicanidad, como un águila o nopales, remitiendo al escudo nacional. Así como lagos, la Villa de Guadalupe y magueyes.
Los volcanes de Atl
Desde una perspectiva totalmente diferente, Gerardo Murillo, Dr. Atl. Llevará la pintura de paisaje a otra representación de la identidad, plasmando amplias vistas del Valle de México, las montañas que lo rodean y la presencia de volcanes.
Con el Dr. Atl se corrobora la importancia de los volcanes como un elemento de la naturaleza relacionado con la identidad nacional, sus mitos, sus historias, sus imágenes.
El impresionismo de Clausell
Por su parte, Joaquín Clausell impregnó al paisaje con una marcada influencia del impresionismo, dotando a sus obras de colores y luces que al mismo tiempo que impregnan los sentidos, evocan una naturaleza que se dirige a la sensibilidad y emoción
Clausell resalta la gran cantidad de viajes que realiza a lo largo del país y que lo llevarán a pintar una amplia gama de paisajes, resaltando diferentes aspectos de la naturaleza. En Clausell se aprecian los ríos, las montañas, los mares. Todo con una estética influenciada por el impresionismo, que genera en el espectador un atractivo basado en las luces, los reflejos los colores, las texturas.
Los tres paisajistas
Mientras que Velasco y el Dr. Atl tienen en común un espíritu científico que lleva a que el primero incorporé la botánica a su obra y el segundo la vulcanología, Clausell destaca las sensaciones que podría significar el estar en un bosque, con sus sonidos, sus rumores, evoca las costumbres de la gente de Xochimilco o Iztacalco.
En los tres artistas el elemento común es la presencia de la naturaleza como evocación de elementos que bien pueden considerarse los primeros símbolos de la identidad mexicana; en los cuales encontramos múltiples de representaciones visuales, como los calendarios de pared, los juegos de lotería, el diseño gráfico, la publicidad, etc.
Por Eduardo Reyes